La crisis del cuarto de vida o crisis del cuarto de siglo, “es un período de colapso mental que ocurre a los veintitantos años, a menudo causado por la inhabilidad de funcionar fuera de la universidad y otros ambientes estructurados, acompañado con el descubrimiento de que uno está solo en el mundo. A menudo define el comienzo del uso de productos farmacéuticos” (Douglas Coupland, Generation X: Tales for an Accelerated Culture).

La  crisis del cuarto de vida es una etapa de la vida que suele afectar a jóvenes de entre 20 y 30 años, aunque puede retrasarse hasta los 35. Suele ocurrir cuando, tras acabar los estudios universitarios, el joven debe enfrentarse al mundo adulto; este mundo adulto es competitivo, duro y menos compasivo, lo que genera una gran inseguridad. Durante la etapa adolescente y universitaria además, el joven está rodeado de personas más o menos con el mismo nivel, intereses, inquietudes,… Conocía muy bien lo que se esperaba de su persona (por parte de padres, profesores) y conocían de sobra sus funciones y el sistema de recompensas y castigos. Además estaba, sujeto a la temporalidad (generalmente marcada por el curso escolar). Pero al acabar y “salir” al mundo adulto, esto se diluye y la persona se siente perdida, con la inseguridad de no saber moverse en este nuevo ambiente. Ahora ya no hay una temporalidad clara. No sabe qué se espera de él o ella. Bueno, sólo que debe encontrar trabajo, pero es tan difícil… E incluso si lo encuentra, es todo nuevo, lo que aprendió no le sirve de mucho, no conoce cuáles son las expectativas de sus jefes, compañeros, etc. Empieza a cuestionarse si lo que estudió realmente le sirvió, si se equivocó, si debería seguir estudiando…

Hay momentos en la vida en los que hacemos recapitulación vital, comparando las expectativas de la vida que deseábamos, con la que realmente tenemos. Hay varias crisis de este tipo en nuestra vida. La más conocida es la de la mediana edad, entre los 40 y 50 años. Si hay mucha diferencia entre lo que esperábamos de nuestra vida y lo que realmente tenemos, la crisis será mayor.

Cada vez esta crisis es peor, debido al cambio que se ha producido a lo largo de las generaciones. Antes, el que estudiaba, se esforzaba, tenía prácticamente asegurado el éxito laboral. Ahora no es así. Hay cada vez más competitividad, ya que casi todo el mundo tiene estudios, y además cuando acabas, no te sientes preparado para trabajar casi en nada. Hay mucha incertidumbre: ¿trabajaré en lo mío, las condiciones serán buenas, me echarán a los tres meses, me permitirá independizarme…?

El boom de las redes sociales no ha ayudado a mejorar este periodo. Muy al contrario, hace que la autoestima de los jóvenes se vea afectada por la terrible y constante comparación con los demás, viendo la vida de éstos, a través de los ojos de Facebook e Instagram, principalmente. El problema es que en estas redes se suele exponer una realidad sesgada, llena de gente riendo, en reuniones con amigos, comidas copiosas y postureo que indica que se comen el mundo. Ver esta vida sesgada, hace que muchos jóvenes piensen que su vida no es así de “guay”, llevándolos continuamente a la frustración, desilusión, apatía,… Sin embargo, en las redes sociales no se suelen exponer los sentimientos negativos, las frustraciones internas, los miedos y las inseguridades, ni la soledad. Aprenden que las emociones que viven como negativas, no son deseables en la vida y que algo va mal en ellos, sintiéndose ellos y ellas el problema.

Esta incertidumbre, están dando lugar a una generación de la ansiedad que se vive en silencio, porque da miedo reconocer esos miedos e inseguridades, por el pensamiento de que eso significaría reconocer el fracaso.

La duración media de esta crisis del cuarto de vida es de dos años, pero va a depender mucho de la persona, de sus experiencias previas, de las habilidades y estrategias de afrontamiento adquiridas, del apoyo que encuentre alrededor, de su capacidad para buscar ayuda,… Según Gerardo Castillo, profesor de la facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, es un crisis muy relacionada con la madurez con la que afrontamos, reaccionando para hacer algo, o angustiándose y hundiéndose.

También depende de dónde nazcas. Desgraciadamente en España, hemos y estamos atravesando crisis económicas desde hace ya varios años. Esto,  retrasa la entrada al mundo laboral, por la gran tasa de desempleo que existe, y por tanto, retrasa la entrada al mundo adulto y como consecuencia, de la independencia económica y del hogar. Así, los jóvenes sienten que con la edad que tienen, deberían haber alcanzado otro tipo de vida.

¿Por qué nos ocurre la crisis del cuarto de vida?

A nivel biológico:

  • Las hormonas adolescentes se han calmado y ahora hay mayor estabilidad y sutileza en nuestro organismo.
  • Las habilidades cognitivas alcanzan su grado óptimo de madurez, en especial las que dependen del lóbulo frontal como son las funciones ejecutivas o relacionadas con él, como la empatía y la regulación emocional, lo que aumenta la responsabilidad, la capacidad previsora y organizativa, el rendimiento, la resolución de problemas, la capacidad crítica, la comprensión hacia los demás, etc.

 

A nivel psicológico:

  • Las exigencias del mundo adulto pueden hacer que nos sintamos sobre pasados. El “mundo real”, nos impone unas responsabilidades que no estamos preparados para asumir, ya que pueden producirnos estrés, aburrimiento, inseguridad, miedo,… y un sinfín de sentimientos que no nos gustan, especialmente ansiedad.
  • Sentimiento de no ser el mismo o ella misma, de no reconocerse. Se suele referir que siempre he sido,,, y ahora… reconociendo un cambio en su forma de verse.
  • Inseguridad acerca del futuro inmediato, en que se plantean cambios de opinión frecuentes para redirigir su vida.
  • Inseguridad respecto a los logros obtenidos hasta el momento en la vida, poniendo en duda su valía y a veces, arrepintiéndose de su trayectoria.
  • Consumo de estupefacientes. Es la época en la que más se abusa del alcohol, porros, incluso otras drogas más fuertes. Muchos se plantean tomar medicación antidepresiva o ansiolítica.
  • Nostalgia por la vida anterior, de la enseñanza secundaria, cuando se vivía en el presente, se sentía despreocupado de todo, y sabía exactamente qué se esperaba de él.
  • Tendencia a la radicalización, al cambio o al abandono de ciertas opiniones sobre diversos temas.
  • Comparación constante con los demás y percepción de que de alguna manera a todo mundo le va mejor que a uno mismo.
  • Comienza a dar pánico cumplir años. De repente sabe que ya no es adolescente, pero aún no se identifica con el adulto.
  • La búsqueda de la independencia es la prioridad (económica y del hogar)

A nivel emocional:

  • Hemos crecido sin darnos cuenta, de modo que ya no somos los mismos y esa madurez hace que las necesidades emocionales sean más complejas y busquemos una estabilidad.
  • Necesidad de establecer un vínculo emocional de tipo romántico de larga duración y estabilidad.
  • Perdida de interés en el placer sexual superficial y vacío de carga emocional.
  • Sentimiento de aislamiento y soledad, especialmente, de tipo emocional.
  • Deseo de formar una familia y tener hijos.

A nivel profesional:

  • La frustración es casi universal.
  • La realidad del mundo laboral es decepcionante, lo que nos llena de incertidumbre, inseguridad, insatisfacción.
  • Se tiene el sentimiento de no ser lo suficientemente bueno al no encontrar un trabajo acorde a la preparación académica o la capacidad intelectual propia.
  • Frustración o desilusión hacia el mundo laboral o la búsqueda de trabajos adecuados.
  • Desilusión por el trabajo.
  • Si se tiene empleo, aspira a otro con mejor sueldo, mejor promoción, mejor horario, que le guste más, mejores relaciones con los compañeros, menos estresante… Esto puede llegar a suponer un continuo estado de tensión, ansiedad y preocupación.
  • Lograr una carrera exitosa parece haberse convertido en la prioridad frente a la creación de una familia

A nivel social:

  • Los grupos se diluyen.
  • Las amistades y compañías se vuelven más selectivas, otras desaparecen, y a las que se quedan podemos dedicarle menos tiempo del que nos gustaría.
  • Re-evaluación de las relaciones interpersonales cercanas establecidas, especialmente, aquellas de tipo amistoso.
  • Sentimiento de decepción, desencanto o desengaño hacia las relaciones sociales.
  • Comienzas a ver cómo a tu alrededor empiezan las bodas y los embarazos de personas de tu edad o poco mayores.

 

“Estas crisis evolutivas no son negativas, sino momentos en los que nos planteamos qué tenemos y qué queremos tener. Son momentos de replanteamiento. De pararse y pensar hacia dónde nos queremos dirigir. Son una oportunidad de recuperar el aliento y coger fuerza. Después de haber vivido esta situación de desamparo e inestabilidad, salimos siendo personas diferentes”, señala la psicóloga Inmaculada Montoya, en la línea de otras investigaciones, como la de Oliver Robinson. Este psicólogo, realizó un estudio entrevistando a más de 1000 jóvenes que habían pasado por esta crisis, y todos ellos, reconocían que les sirvió para mejorar sus vidas.

Si te sientes identificada o identificado con este tema y crees que puedes estar en esta crisis del cuarto de vida, es importante que decidas buscar ayuda para que te oriente y puedas encajar tus cambios y afrontarlos en paz, sin ansiedad ni preocupaciones, con un estado de ánimo estable, para lograr avanzar en tu vida sin miedos ni bloqueos. Te invito a que veas mi programa de bienestar emocional “De los 20 a los 30”.

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